El plato roto
Yo, romper un plato, lo que se dice romperlo, pues si, pa´qué mentir.Uno.
Te cuento tal cual pasó. Que es verídico todo, salvo lo de mi tio.
Pues resulta que tenía en la nevera una cominera, un cacho que sobró del día anterior del puchero del potaje de garbanzos.
La cominera la trajo del pueblo mi tío, peón caminero, el padre de Robustiano, y pa`que veas que muchos dichos son falsos, no te los creas todos, ese que dice "eres más vago que la chaqueta d´un peón caminero", es más falso que una monea de cinco euros ó un billete de dos, ¡ya te digo ¡,de vago nada, que mi tío se fue pa`l pueblo na más que pa arrecoger la morcilla, pues que sepas, que es morcilla cominera, aunque tardó tres años en regresar, pero eso es lo de menos, es cominera, no por mi tío el caminero, que él no le puso el nombre, que no, que vago no es tampoco, pero luces apenas tiene y menos en poner nombres o motes a las cosas y de bautizos ya ni te cuento, pues con sus cinco hijos, que cinco tenía, ya gastó su dosis de imaginación, les puso de nombre,-aunque el cura no se los aceptó-, al primero Chacha, al segundo Cheche, al tercero Chichi ,al cuarto Chuchu, dicho todo de corrido, Chacha, Cheche, Chichi, ...,Chuchu, ¿Adivinas como se llamaba el quinto de los hijos?.
Pues eso mismo, ya te lo dije antes, Robustiano.
Lo de morcilla cominera es porque lleva como condimento comino, y me chifla y rechifla, está de muerte, al igual que la mondonga, otro embutido similar y el buche y no sigo con esta retahíla de chacina variada de mi pueblo que no acabo, que yo quería explicar tan sólo lo del plato.
Pues eso, que cojo la morcilla cominera de la nevera, que está sobre un plato de cristal, de duralex, que tal vez lo hayan cristalizado acá al lado, en la fábrica de cristal de Vicasa, y como la cominera, aunque se puede comer cruda, cocida ó frita, que de todas formas está rica, pues fría como que no, la forma más sencilla de prepararla es cocerla simplemente con agua unos diez minutos, aunque esto depende de lo tierna que esté, pero si la agregas al caldo los garbanzos, ya es que está de vicio, ¡y le da un gustillo¡, que porque no me ves, que si no, me verías relamerme los labios del gusto, no más de diez minutos, pues como suele estar tierna, se espanzurra y se sale de la tripa, se estripa toa ella y pierde su elasticidad, como mujer sin corsé, pero que no por ello deja de estar sabrosa.
Yo que cojo el cacho que sobró pa calentarlo en el microondas, con el plato, y lo programo a 40 seg., con 20 creo hubiera bastado, y lo dejo que se vaya haciendo, y al ratito que oigo un estallido o dos, y un crujido o cuatro y un graznido, -este último ruido por la ventana, de un grajo del carajo-, y al ir a ver, humo dentro del cacharro a tutiplen y la cominera crepitando.
Le doy al stop cuando el reloj iba ya por 39 seg. pa que la cosa no fuera a más y porque no me gusta que el cacharro me toque el pito porque me irrito. Y ahí lo dejé, a ver si la niebla se iba y podía ver a Jack el Destripador por las calles de Londón junto al Támesis, pero como que parecía que iba a ser que no, lo que vi fui la cominera echando humo, toa negra, no quemada , no, sino que ella ya viene así, de fábrica, pero toda espatarrada sobre el plato, esparcida, como si hubiese esplotado,y si, había estallado, y taba toa ella estripada y diseminada por el plato, el cual apenas se veía, pues lo tapaba todo, pero estaba güena pa comerla, no te creas, y con el olorcillo, ¡¡un hambre que me taba entrando¡¡ ,abro la puerta,y me veo un cacho de vidrio roto sobre la pletina, allí mismito, como durmiendo la siesta, cojo el plato por el borde y se me queda en la mano un cacho de cristal .
¡Que burro¡ ¡Ya me cargé el duralex¡.
Pero no, va a ser que mis manos son delicadas, y entiendo que el ruido previo que escuché fue que el duralex se rajó. A mis murmuraciones de sorpresa y de que se ha roto,alguien de la familia que me grita:
- ¡Ya te lo has cargado¡ ¡Ya te lo has cargado¡
- ¡Que no, joer,que no, que el micro está enterito¡-les grito- y ya con mucha jambre que saco el plato sin el cacho roto, con la morcilla encima, ¡¡¡ que olía a gloria bendita ¡¡¡ y me voy con ella pal comedor, con el pan, y al cruzar la puerta que oigo un ruido,que en este caso sucedió al reves que con las tormentas, que ves primero el relámpago y escuchas aluego el ruido, pues en este caso, yo escuché primero el ruido y luego que asustao miro a mis pies y cienes de miles de hormigas de cristal que escapan en todas direcciones cual cienes de caracoles en monopatín huyendo del tendero de la esquina.
- ¡¡ El duralex, que se me calló al suelo a plomo con la cominera encima ¡¡, ¡¡ Marditos sean toos los roeores ¡¡
El plato que se hizo añicos, aunque en el fondo, allí había mucha belleza, ¡¡ Pero que espectáculo más bonito!! ,trozitos que reverberaban la luz por doquiera, en cachiticos cuadraditos esparcios por to los sitios, los pedacitos de cristal dando brinquitos y yo que me volví a quedar con un cacho en la mano.
El plato que se rajó por más de un sitio y yo sin haberlo visto.
Mardito microondas, se había cargao al duralex, mardito duralex, le habrían echado poca arena y yo que me quede a ajo y agua y sin la cominera probarla, ya que no era cuestión de limpiarla. Y no había más cacho de morcilla cominera. Era verano, yo andaba descalzo y me sentí atrapado cual mosca en la tela doña Tecla.
Y era el último cacho que quedaba, así que mi tío se ofreció voluntario para traernos otro hilo de cominera, pero ya han pasado cuatro años desde entonces y aun le estamos esperando.
Te cuento tal cual pasó. Que es verídico todo, salvo lo de mi tio.
Pues resulta que tenía en la nevera una cominera, un cacho que sobró del día anterior del puchero del potaje de garbanzos.
La cominera la trajo del pueblo mi tío, peón caminero, el padre de Robustiano, y pa`que veas que muchos dichos son falsos, no te los creas todos, ese que dice "eres más vago que la chaqueta d´un peón caminero", es más falso que una monea de cinco euros ó un billete de dos, ¡ya te digo ¡,de vago nada, que mi tío se fue pa`l pueblo na más que pa arrecoger la morcilla, pues que sepas, que es morcilla cominera, aunque tardó tres años en regresar, pero eso es lo de menos, es cominera, no por mi tío el caminero, que él no le puso el nombre, que no, que vago no es tampoco, pero luces apenas tiene y menos en poner nombres o motes a las cosas y de bautizos ya ni te cuento, pues con sus cinco hijos, que cinco tenía, ya gastó su dosis de imaginación, les puso de nombre,-aunque el cura no se los aceptó-, al primero Chacha, al segundo Cheche, al tercero Chichi ,al cuarto Chuchu, dicho todo de corrido, Chacha, Cheche, Chichi, ...,Chuchu, ¿Adivinas como se llamaba el quinto de los hijos?.
Pues eso mismo, ya te lo dije antes, Robustiano.
Lo de morcilla cominera es porque lleva como condimento comino, y me chifla y rechifla, está de muerte, al igual que la mondonga, otro embutido similar y el buche y no sigo con esta retahíla de chacina variada de mi pueblo que no acabo, que yo quería explicar tan sólo lo del plato.
Pues eso, que cojo la morcilla cominera de la nevera, que está sobre un plato de cristal, de duralex, que tal vez lo hayan cristalizado acá al lado, en la fábrica de cristal de Vicasa, y como la cominera, aunque se puede comer cruda, cocida ó frita, que de todas formas está rica, pues fría como que no, la forma más sencilla de prepararla es cocerla simplemente con agua unos diez minutos, aunque esto depende de lo tierna que esté, pero si la agregas al caldo los garbanzos, ya es que está de vicio, ¡y le da un gustillo¡, que porque no me ves, que si no, me verías relamerme los labios del gusto, no más de diez minutos, pues como suele estar tierna, se espanzurra y se sale de la tripa, se estripa toa ella y pierde su elasticidad, como mujer sin corsé, pero que no por ello deja de estar sabrosa.
Yo que cojo el cacho que sobró pa calentarlo en el microondas, con el plato, y lo programo a 40 seg., con 20 creo hubiera bastado, y lo dejo que se vaya haciendo, y al ratito que oigo un estallido o dos, y un crujido o cuatro y un graznido, -este último ruido por la ventana, de un grajo del carajo-, y al ir a ver, humo dentro del cacharro a tutiplen y la cominera crepitando.
Le doy al stop cuando el reloj iba ya por 39 seg. pa que la cosa no fuera a más y porque no me gusta que el cacharro me toque el pito porque me irrito. Y ahí lo dejé, a ver si la niebla se iba y podía ver a Jack el Destripador por las calles de Londón junto al Támesis, pero como que parecía que iba a ser que no, lo que vi fui la cominera echando humo, toa negra, no quemada , no, sino que ella ya viene así, de fábrica, pero toda espatarrada sobre el plato, esparcida, como si hubiese esplotado,y si, había estallado, y taba toa ella estripada y diseminada por el plato, el cual apenas se veía, pues lo tapaba todo, pero estaba güena pa comerla, no te creas, y con el olorcillo, ¡¡un hambre que me taba entrando¡¡ ,abro la puerta,y me veo un cacho de vidrio roto sobre la pletina, allí mismito, como durmiendo la siesta, cojo el plato por el borde y se me queda en la mano un cacho de cristal .
¡Que burro¡ ¡Ya me cargé el duralex¡.
Pero no, va a ser que mis manos son delicadas, y entiendo que el ruido previo que escuché fue que el duralex se rajó. A mis murmuraciones de sorpresa y de que se ha roto,alguien de la familia que me grita:
- ¡Ya te lo has cargado¡ ¡Ya te lo has cargado¡
- ¡Que no, joer,que no, que el micro está enterito¡-les grito- y ya con mucha jambre que saco el plato sin el cacho roto, con la morcilla encima, ¡¡¡ que olía a gloria bendita ¡¡¡ y me voy con ella pal comedor, con el pan, y al cruzar la puerta que oigo un ruido,que en este caso sucedió al reves que con las tormentas, que ves primero el relámpago y escuchas aluego el ruido, pues en este caso, yo escuché primero el ruido y luego que asustao miro a mis pies y cienes de miles de hormigas de cristal que escapan en todas direcciones cual cienes de caracoles en monopatín huyendo del tendero de la esquina.
- ¡¡ El duralex, que se me calló al suelo a plomo con la cominera encima ¡¡, ¡¡ Marditos sean toos los roeores ¡¡
El plato que se hizo añicos, aunque en el fondo, allí había mucha belleza, ¡¡ Pero que espectáculo más bonito!! ,trozitos que reverberaban la luz por doquiera, en cachiticos cuadraditos esparcios por to los sitios, los pedacitos de cristal dando brinquitos y yo que me volví a quedar con un cacho en la mano.
El plato que se rajó por más de un sitio y yo sin haberlo visto.
Mardito microondas, se había cargao al duralex, mardito duralex, le habrían echado poca arena y yo que me quede a ajo y agua y sin la cominera probarla, ya que no era cuestión de limpiarla. Y no había más cacho de morcilla cominera. Era verano, yo andaba descalzo y me sentí atrapado cual mosca en la tela doña Tecla.
Y era el último cacho que quedaba, así que mi tío se ofreció voluntario para traernos otro hilo de cominera, pero ya han pasado cuatro años desde entonces y aun le estamos esperando.
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